La Damajuana habitada (cincuenta por ciento ficción, cincuenta por ciento realidad)
Hace años que la compramos, pues la vimos en un restaurante y quedaba muy bien como objeto decorativo. Haciendo un cálculo aproximado, en estos momentos la gran panza de nuestra Damajuana debe contener unos trescientos corchos de diferentes añadas y denominaciones de origen; ¡toda una inversión!, y eso que todavía no está llena.
Alguna vez he aproximado la nariz al orificio y he percibido un cierto olor a bodega que, como buen hijo de riojana, valoro plenamente.
Un día en el que estaba quitando el polvo al mueble aparador donde descansa, me pareció oír un cierto rumor que provenía del interior del recipiente. Acerqué la oreja a su estrecha boca y me asusté ¡córcholis! (nunca mejor dicho), los tapones estaban hablando entre ellos.
Presté el máximo de atención y oí a un Pago de Capellanes decirle a un Muga, que él y otros dos más habían sido los elegidos en el cumpleaños de Javier para inundar de aromas y sabor las copas durante aquel día de celebración. El Muga se defendió contestando con una brusquedad salvaje que él era de Haro, lugar de nacimiento de la madre del propietario de la Damajuana. Al momento entró en la conversación un Senat del Montsant que reivindicaba la catalanidad de Javier. Un murmullo desde el fondo unió a los Chardonnay, los Albariños y los Sauvignón Blanc en contra de los tintos que a su vez respondieron frases obscenas contra la supremacía blanca. Seguidamente aparecieron en escena unos corchos sin denominación de origen, reclamando que ellos habían sido los más consumidos durante la pandemia.
Las voces de aquella torre de Babel enológica se fueron disipando a medida que retiraba mi pabellón auditivo del cuello de la Damajuana.
Desde entonces cada vez que descorcho una botella e introduzco un tapón en el interior se me escapa un ¡perdón!, no vaya a ser que el nuevo inquilino subleve en su caída a alguno de los sensibles corchos que habita el recipiente de cristal.
Lo que sí es cierto en lo relativo a esta historia, es que el vino ha acompañado muchos de los momentos alegres de mi existencia. No se trata tanto de beber por beber, sino más bien de compartir por compartir.
Javier Sancho.

Y esperemos poder llenarla gracias a buenos momentos compartidos
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